Mamá, las mejores croquetas son las del colegio

Siempre me esmero en dejarlas con la bechamel fina y delicada como las de mi madre. Nada de grumos ni sabor a harina cruda, como las de mi suegra, que además las hace tamaño hot dog porque se piensa que el tamaño importa por eso te puedes encontrar hasta los fideos del cocido porque siempre las hace con las sobras.

Todo lo contrario: unas buenas croquetas no deben alardear de más tropezones que los trocitos de jamón, pollo o boletus – si nos “ponemus finus”- y su tamaño debe ser del calibre de dos bocaditos.  Ñam y ñam. Sólo eso. Ni qué decir que el empanado debe estar perfecto: doraditas lo justo y sequitas de aceite. Y sí, ya sé que también se puede echar bacalao, morcilla o chorizo en las croquetas. Pero aquí vamos a lo que vamos y es que a esta de Tetuán, las croquetas le salen caseras, de maravilla en grado sumo y como a las de la mejor cocinera de Master Chef.

Pero, en el colegio, a mis hijos y a los hijos de todas las madres con las que he hablado,  les ponen unas croquetas que no sé qué llevarán que los angelitos cuando me ven llegar con la fuente llena de mis croquetas humeantes y recién hechas me dicen con cara de catador remilgado de la guía Michelín: “mamá, las mejores croquetas son las del colegio”. En ese momento siento que quiero borrarles del comedor que tantos sinsabores me causa porque les sirven unas buenas croquetas, ricas lentejas y un tomate casero, con fama de exquisito, que también les gusta más que el mío y eso que mi receta tiene auténtico sabor a pueblo y lleva un par de siglos en la familia.

croquetas

Así que no me quedó otra que investigar quién era el maldito cocinero que había usurpado el lugar de  mis croquetas y alguien del cole me dijo que lo tenía chungo porque,  nada más y nada menos, eran las croquetas precocinadas de Fridela empresa de Tudela a la que dieron un premio en 2011 por ser la empresa más innovadora en esta especialidad artesanal, casera y natural. ¡Diosss, esto se pone difícil. Unos precocinados navarros me ganan! Son buenos, sí. Las hacen con leche entera, en vez de en polvo al uso de otras precocinadas, y las bordan porque ellos, como yo, han cogido la receta de la abuela, la madre del actual propietaria.

Que ¿cómo sé que están ricas, muy ricas? Porque evidentemente no he podido sujetarme las ganas de probarlas para intentar entender qué fallaba en la receta de la familia. Son fáciles de encontrar, menos mal. Yo las encontré en El Corte Inglés. De jamón curado, de estofado de pollo, jamón ibérico, cocido, bacalao, chorizo y hasta sin gluten. Si las quieres comprar para volver a ganarte a tus hijos, hay de sobra para elegir. Pero yo me llevaría las de jamón que son las que les ponen en el cole. Aunque, fiel a mis ancestros, las he comprado para compararlas y evolucionar mi  propia pócima. Y he de decir que así han ganado en simpatía. Ahora mis croquetas son ovacionadas a la par que las del comedor del colegio. Así que, quizás no les borre.

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